Los estudiantes de hoy en día son como cohetes…

Me encanta el símil que hace Mark Prensky en su libro “Enseñar a nativos digitales” de los estudiantes como cohetes y los educadores como científicos espaciales.

Los estudiantes como cohetes se dirigen a destinos alejados, lugares que quienes los lanzan no pueden ni siquiera ver. Potencialmente pueden ir mucho más lejos y hacer cosas muy por delante de lo que ningún viajero podía hacer en el pasado.

Con la llegada de las herramientas digitales, los estudiantes ya logran a diario cosas que a muchos de los adultos nos puede parecer ciencia ficción remota. Se comunican instantáneamente con iguales, juegan a juegos complejos con gente de su edad y aprenden de ellos a lo largo del mundo, hacen vídeos regularmente y los publican para que los vea la gente y comente sobre ellos, se organizan a sí mismos social y políticamente a lo largo y ancho del planeta….

Los educadores, en ese caso, nos convertimos en científicos espaciales y debemos construir y lanzar los mejores cohetes que podamos. Esto implica no poner a los alumnos el combustible educativo del pasado, porque este combustible no hace funcionar a los estudientes de ahora. Necesitamos nuevos combustibles, nuevos diseños, nuevos aceleradores, nuevas cargas.

Los científicos espaciales deben:

  • Integrar en los cohetes la habilidad de monitorizarse a sí mismos, autoevaluarse y autocorregirse tantas veces como sea posible.
  • Dotar a los cohetes de la capacidad de usar cualesquiera dispositivos e instrumentos que estén disponibles para tomar dartos regularmente y después analizarlos, incluso cuando viajan a toda velocidad.
  • Realizar un control de calidas rígido  no de lo que saben los cerebros de los cohetes (esto se puede actualizar durante el vuelo) sino de lo que pueden hacer con la información que encuentran.

Naturalmente, los cohetes necesitan un mantenimiento costoso y requieren más esfuerzo por parte de los diseñadores y más habilidad para construirlos o mantenerlos. Además, resultan inútiles en tierra, así que no deberíamos prepararles para quedarse ahí.

Como ocurre con todos los cohetes, el combustible de los estudiantes es volátil. Algunos van más rápido y más lejos que otros. Algunos pierden su sistema de guado o su habilidad para seguir una diercción. Algunos pierden el rumbo o dejan de funcionar inesperadamente. Algunos incluso explotan. Pero según mejoramos en la forma de construirlos y guiarlos, muchos más alcanzan su objetivos y destinos que nosotros ni siquiera hubiéramos podido idear.

Nuestro trabajo como científicos espaciales está en ayudarles a llegar lo más lejos que puedan.

Photo credit: Gazeta

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